Con todo el cariño de que soy capaz, a mi querido Juan de Yepes Álvarez, en su día.
24 noviembre 2010
LA OTRA MÚSICA DE MI VIDA (VII)
29 junio 2010
QUESTIONES SUPER ECCLESIA CHRISTI - TERTIA
Respuesta: El uso de esta expresión, que indica la plena identidad entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia católica, no cambia la doctrina sobre la Iglesia. La verdadera razón por la cual ha sido usada es que expresa más claramente el hecho de que fuera de la Iglesia se encuentran «muchos elementos de santificación y de verdad que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, inducen hacia la unidad católica»[11].
«Por consiguiente, aunque creamos que las Iglesias y comunidades separadas tienen sus defectos, no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación, porque el Espíritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de la gracia y de la verdad que se confió a la Iglesia»[12]."
Parece, así pues, que el Concilio prefirió el subsiste al es para mostrar más claramente que fuera de la Iglesia de Cristo -o sea: la Iglesia Católica, Apostólica y Romana- abundan los dones que son propios precisamente de la Iglesia de Cristo. La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe reitera en este responsum lo que el Concilio ya nos enseñó en la Lumen Gentium: que hay muchos "elementos" de santificación y de verdad que son dones propios de la Iglesia de Cristo, pero que están fuera de la Iglesia de Cristo.
Se nos pone aquí frente a la novedosa idea de los elementa ecclesialia, que el Concilio introdujo con un propósito inequívocamente ecuménico pero que, al menos desde la perspectiva de quien es lego en eclesiología, resulta muy difícil de comprender. En efecto, aun respetando completamente el magisterio conciliar, cuesta adivinar cuáles son esos "elementos de salvación y de verdad" cuya virtud deriva nada menos que de la misma plenitud de gracia y de verdad confiada a la Iglesia. Además ha de tenerse presente que estos elementos abundan ("muchos") fuera de la Iglesia. Resulta además que la presencia de estos elementos es consecuencia o manifestación del hecho misterioso, inexplicable desde el punto de vista humano, de que el Espíritu Santo haya querido servirse como medios de salvación de ciertas iglesias particulares que niegan la autoridad de Pedro, o incluso de organizaciones o comunidades religiosas que se dicen cristianas pero que enseñan y difunden graves errores contrarios a la verdad confiada a los Apóstoles.
Especialmente difícil de aceptar resulta esto último porque, aunque como sujetos racionales para los que la comprensión de los misterios de la Fe es posible probablemente sólo en la cortísima medida en que nuestros pecados no nos velen el entendimiento, parece que si aceptamos que en la historia de la redención humana han tenido valor y significado salvíficos las iglesias y comunidades cristianas que se han opuesto empecinadamente a determinadas verdades de la Fe, tendríamos que concluir que quienes de uno u otro modo han combatido y combaten a la Iglesia de Cristo -inseparablemente entendida a la vez como Su Cuerpo Místico y como una sociedad humana- han obrado con su pugna la salvación de muchas almas. Y esto resulta casi imposible de aceptar desde un punto de vista humano sin grave peligro de caer en el indiferentismo.
Consideración aparte merece el hecho de que el Concilio enseñe con toda claridad que esos elementa ecclesialia que se encuentran fuera de la Iglesia inducen a la unidad católica que profesamos al decir "Credo in unam, ..." Debería reflexionarse sobre esto porque parece demasiado simplista afirmar que sirve al objetivo de conseguir su integración en la Iglesia de Cristo, o sea: en la Iglesia Católica, el que algunas comunidades heréticas sostengan algunas, aun muchas, verdades de la Fe. Como, de igual modo, resulta en exceso voluntarista afirmar que las iglesias cismáticas que se desgajaron del tronco de la Iglesia universal hace mil años se ven impulsadas a reintegrarse a la unidad católica, esto es: a reconocer la suprema autoridad del Romano Pontífice, por el hecho -de otra parte trascendental- de que conservan sacramentos válidos y la mayor parte del depósito de la Fe.
Consciente de su cortedad, su falta de Fe y su sobra de pecado, tentado se encuentra el que suscribe de no rematar la faena de analizar las cuatro "questiones" y sus "responsa." El Espíritu le empuja, sin embargo, a seguir dando la matraca con este asunto, así es que el amable lector hará bien en temerse una próxima entrada de esta serie del blog.
18 enero 2010
EL PAPA EN LA SINAGOGA
"Los cristianos y los judios tienen una gran parte de su patrimonio espiritual en común: oran al mismo Señor, tienen las mismas raíces y sin embargo siguen siendo frecuentemente unos desconocidos los unos para los otros. Es nuestro deber, [...]"Si el Papa lo dice, sin duda será que los cristianos y los judíos compartimos un mismo Señor -o sea: un mismo Dios-, pero alguien sigue por aquí sin enterarse de qué argumentos ha de oponer a los que torpemente esgrimió hace ya unos meses aquí cuando intentó explicar por qué cree que al orar como cristiano no se dirige al mismo Señor que los judíos. Quizá alguien le ayude.
14 enero 2010
QUESTIONES SUPER ECCLESIA CHRISTI - SECUNDA
Respuesta: Cristo «ha constituido en la tierra» una sola Iglesia y la ha instituido desde su origen como «comunidad visible y espiritual»[5]. Ella continuará existiendo en el curso de la historia y solamente en ella han permanecido y permanecerán todos los elementos instituidos por Cristo mismo [6]. «Esta es la única Iglesia de Cristo, que en el Símbolo confesamos una, santa, católica y apostólica […]. Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él» [7].
En la Constitución dogmática Lumen gentium la subsistencia es esta perenne continuidad histórica y la permanencia de todos los elementos instituidos por Cristo en la Iglesia católica [8], en la cual, concretamente, se encuentra la Iglesia de Cristo en esta tierra.
Aunque se puede afirmar rectamente, según la doctrina católica, que la Iglesia de Cristo está presente y operante en las Iglesias y en las Comunidades eclesiales que aún no están en plena comunión con la Iglesia católica, gracias a los elementos de santificación y verdad presentes en ellas [9], el término "subsiste" es atribuido exclusivamente a la Iglesia católica, ya que se refiere precisamente a la nota de la unidad profesada en los símbolos de la fe (Creo en la Iglesia "una"); y esta Iglesia "una" subsiste en la Iglesia católica [10]. […]”
Esta respuesta, que sigue a la que explícitamente afirma que tras el Concilio Vaticano II no ha cambiado nada de la doctrina sobre la Iglesia, sino que en los documentos conciliares simplemente se ha desarrollado, profundizado y expuesto con más claridad cuanto la Iglesia ha venido enseñando sobre sí misma en los últimos dos mil años, se nos presenta como una afirmación tranquilizadora, pero plantea en realidad una cuestión problemática:
Por un lado, cuando con cita entrecomillada de la Lumen gentium se nos dice que Cristo «ha constituido en la tierra» una sola Iglesia y la ha instituido desde su origen como una «comunidad visible y espiritual», con toda claridad se nos reitera lo que efectivamente se ha enseñado siempre: que fue voluntad de su Divino Fundador que la herramienta de salvación por él instituida, Su Iglesia, fuese simultáneamente una realidad espiritual consistente en ser el Cuerpo Místico de la segunda persona de la Santísima Trinidad y una realidad material: una sociedad humana dotada de un orden y un gobierno.
A continuación se nos dice -esto es pura novedad conciliar- que esta Iglesia, la Iglesia de Cristo, está presente y operante en las iglesias y comunidades eclesiales que aún no están en plena comunión con la Iglesia católica. ¿Debemos concluir entonces que la Iglesia material, visible en este mundo como una sociedad gobernada por el Papa y por los obispos que le están sometidos, formada por seres humanos y ordenada jerárquicamente, no coincide exacta y exclusivamente con la realidad espiritual de la que hablamos cuando nos referimos a la Iglesia espiritual, al Cuerpo Místico de Cristo?
El magisterio siempre ha enseñado que la Iglesia material –la sociedad humana visible dotada de un gobierno monárquico absoluto- y la Iglesia espiritual –el Cuerpo Místico de Cristo- son ambas las misma y una sola cosa: la Iglesia de Cristo. Esta creencia, firmemente asentada en el depósito de la Fe, es la que justifica que durante dos mil años los cristianos nos hayamos dedicado con igual convencimiento a predicar a Cristo a quienes nunca lo conocieron y a pretender que quienes siendo cristianos no forman parte de la Iglesia volviesen a su seno o entrasen en él por primera vez. Y esto principalmente para evitar que quienes permaneciesen alejados culposamente de la Iglesia pudieran poner en peligro la salvación de su alma.
¿Cómo puede entonces afirmarse, como hace el Concilio Vaticano II, que la Iglesia de Cristo está presente en las sectas cismáticas o heréticas desgajadas del gobierno y la ordenación visibles que el mismo Jesús quiso que tuviera su Iglesia? ¿Qué tipo de presencia es esa?
La segunda idea que completa el panorama es la idea de subsistencia. ¿No abre esto la puerta a la idea -ciertamente problemática- de que la Iglesia de Cristo está presente en las sectas, aunque no "subsiste" en ellas? Porque esto significaría que la Iglesia de Cristo no logra su perfección y plenitud en ellas, pero está sin embargo, presente ahí según afirma una doctrina explícitamente declarada por el Papa cuando era cardenal Ratzinger en su "Communio" de 1992 y en "Dominus Jesus" de 2000.
15 agosto 2009
EN CUERPO Y ALMA
29 junio 2009
QUAESTIONES SUPER ECCLESIA CHRISTI - PRIMA
12 marzo 2009
NUESTROS HERMANOS MAYORES
20 enero 2009
ECUMENISMO CÓSMICO O CÓMO ACABAR CON LA AFICIÓN
Estas cuatro "otoitzak" que van a continuación (signos de puntuación y todo lo demás incluido) están extraídas del "material litúrgico" con que cierta provincia de una congregación religiosa -de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, con Santo fundador y todo- anima a sustituir el "material litúrgico" oficial, o sea: la versión canónicamente aprobada del breviario (que algún cerebro de la congregación debe considerar caduca y digna de periclitar aunque sólo sea por eso: por aprobada oficialmente.)
Otoitza. Oración.Dios nuestro, Padre, admiramos y comulgamos profundamente el misterio que revela y transpira este Cosmos universal. En Jesús nosotros los cristianos hemos experimentado una densidad mayor de tu presencia, que cada día sentimos ampliarse sin límites, por el despliegue que el Universo realiza ante nosotros, incesantemente. Queremos mantenernos en un silencio contemplativo, de acogida y adhesión, y renovamos nuestra comunión universal, contigo, con nuestros hermanos y con toda la realidad. Como, a su forma, hizo también Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Por los siglos de los siglos. Amén.
Otoitza. Oración.
Oh Dios, Padre del género humano, que habitas e inhabitas el interior de esta materia espiritual el Universo. Ayúdanos a captar tu inefable mensaje de convergencia universal en el amor, de armonización solidaria en la justicia, y de perenne creatividad evolutiva en la esperanza. Nosotros te lo pedimos inspirados por nuestro hermano Jesús, tu hijo, y por todos los demás mediadores que a través de los tiempos has suscitado en esta humanidad que no cesa de buscarte. Por los siglos de los siglos. Amén.
Otoitza. Oración.
Oh Dios que en todas las religiones has manifestado a los humanos lo que a nosotros nos has revelado más específicamente en Jesús: que el amor y la misericordia son el culto que esperas de nosotros. Te pedimos que todas las religiones de la tierra, todos los pueblos que has ido guiando hacia a ti, demos el paso al diálogo religioso y a comulgar en esa primacía del amor y de la misericordia, por encima de todas las diferencias de doctrinas, dogmas, teologías y leyes de las instituciones religiosas. Te lo pedimos por el amor que has manifestado a todos los pueblos a lo largo de la historia, por los siglos de los siglos.
Otoitza. Oración.
Te invocamos, Fuerza y Misterio del Universo, a quien reconocemos como energía original, Padre, Dios Universal. Nosotros creemos que en Jesús de Nazaret, y en los maestros espirituales de todas las religiones del mundo, Tú has salido al encuentro de la humanidad, para hacernos entrever el misterio inescrutable en que vivimos, nos movemos y hacia el que caminamos. Respetuosos con tu silencio, expresamos nuestro deseo de contribuir a que todo ser humano descubra que Tú eres Vida y nos llamas a la Vida. Te lo expresamos caminando tras los pasos de Jesús de Nazaret, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén
Fascinante, ¿verdad?
Tomemos la primera. Ésta, al menos, parece cristiana Se dirige a un Dios al que llama Padre, reconoce la filiación divina de Cristo, al que pone a nuestro lado como hermano y al que -¡oh, expresividad del alma inspirada!- hace responsable de cierta "mayor densidad" con que venimos percibiendo la presencia divina en los últimos tiempos. Impagable la renovación de la comunión universal con Dios, con los hermanos y con la realidad (esta última muy recomendable para no tragarse una farola al caminar por la calle.) Lo mejor es el final: según nos enseña la oración, todo esto de la comunión universal con Dios, los hermanos y las farolas también lo hizo Jesús... "his way".
La segunda hace palidecer de envidia a la primera. Y es que, aunque ya no es tan claramente cristiana, invoca a una deidad que habita "e inhabita el interior" de una materia espiritual llamada Universo (¿quién dijo que el misticismo y la filosofía están reñidos, eh?) y a la que pide ayuda para poder captar cierto inefable mensaje divino de convergencia en el amor, de armonización en la justicia y de creatividad en la esperanza. Una cosa está clara: el mensaje es inefable. ¿Que de dónde le viene la inspiración al orante? Pues está claro: de los muchos mediadores que Dios ha suscitado a lo largo de la historia de la Humanidad, uno de los cuales fue por cierto su Hijo Jesús.
La tercera, ay, la tercera. Ahí tenemos pan-ecumenismo cósmico en estado puro. Veamos: según la oración Dios habría manifestado a la humanidad en todas la religiones que el culto que Él espera es de amor y misericordia. En todas, oiga, en toditas las religiones de todos los tiempos: Isis, Dionisos, Baal, la serpiente emplumada, Alá, el libro de Mormón, Buda, Zoroastro... el mensaje común a todos es que Dios espera un culto de amor y misericordia. Cierto que a nosotros los cristianos esta revelación se nos ha hecho de un modo más "específico" (la misma que a todos los demás -la revelación, vaya- pero más específicamente.) El resultado es que ahora que somos por fin conscientes de esta verdad universal podemos impetrar de Dios que queden arrumbados de una vez todos los dogmas, las doctrinas, las teologías, las leyes, las instituciones religiosas y otras futesas y que podamos así por fin comulgar todos en la supremacía del amor y la misericordia, que a fin de cuentas es lo que importa.
La cuarta es estupenda: en mi opinión hubiese resultado mucho más expresiva si se hubiese intercalado en la primera frase el nombre de esa fuerza, de ese misterio, de esa energía original, de ese padre y dios universal, o sea: la Pachamama. Menos mal que a continuación ya se nos dice que no es sólo la Pachamama, no. Hay que abrir la mente. De hecho, el orante, reconoce que en los maestros espirituales de toooodas las religiones del mundo se ha manifestado esa energía, ese padre y dios universal, esa fuerza y ese misterio... con el propósito de dejarnos entrever el otro inescrutable. Entrever lo inescrutable. El lenguaje de los místicos es así. Bueno, cuidadito: para que todos reconozcan que esa energía es vida y que llama a la vida, como no quedaba otro remedio, el orante añade que él sigue mansamente los pasos de un maestro espiritual llamado Jesús. En fin.
Seré soberbio y deslenguado, pero no puedo evitar pensar en cuánto mejor nos iría a algunos, ¿a muchos?, si algunos religiosos dedicaran su tiempo a recitar el breviario y a hacer lo que les toca en lugar de descubrir de nuevo a Manitú.