29 octubre 2014

ME HA TOCADO EL GORDO

Pero de verdad.  He tenido la oportunidad de interpretar a uno de los personajes del spot que la Sociedad Estatal de Loterías y Apuestas del Estado ha encargado dirigir a Santiago A. Zannou para anunciar el sorteo de la Lotería de Navidad.

Todavía me cuesta creérmelo.  Si no fuera porque todavía me duelen las rodillas de los cuatro días de rodaje, no me lo creería.





17 junio 2011

CUATRO JUEVES DE JULIO. EL PRIMERO.

Como hacer de la necesidad virtud es cosa que caracteriza a las almas grandes, esta mañana, al enterarme de que Ana, que me ayuda con la limpieza en casa, no va a poder ocuparse de mis hijos los cuatro Jueves que julio trae este año, he decidido que ésta sea ocasión gloriosa de pasar cuatro días laborables con los niños a tiempo completo. Se me ha ocurrido que estos cuatro Jueves tendrían que ser especiales: dedicados cada uno de ellos a decir cuatro cosas a los críos.

Y he empezado por el calendario: la vista mensual de Outlook ha hecho que esas cuatro fechas se me hayan figurado cuatro templos jupiterinos desafiándome a que los llenase con algo que no sea trabajo.  La verdad es que no ha sido difícil despejarlos: después de dos llamadas y de un correo electrónico, he podido mirar entre alborozado y despavorido -esta vez en vista semana laboral"- las cuatro columnas vacías teñidas del tenue verde con el que la agenda electrónica indica que uno va a dedicar ese tiempo a algo "personal".

El primer Jueves de julio será el siete.   Linda fecha para empezar algo incluso si es sin chupinazo.  Creo que podría ser un buen día para pasar al aire libre: el lago de la Casa de Campo, un poco de merienda, tres sombreros de paja y un montón de filtro solar.  Quizá un poco de teatro para acabar el día.  He visto que en el Galileo reponen Las siete vidas del gato, de Jardiel, y como soy jardielista y sé que un poquito de humor absurdo no daña, más bien al contrario, las tiernas mentes de los menores, creo que ya tenemos plan para el día.

¡Viva San Fermín!

24 noviembre 2010

LA OTRA MÚSICA DE MI VIDA (VII)

Con todo el cariño de que soy capaz, a mi querido Juan de Yepes Álvarez, en su día.

Aquella eterna fuente está escondida,

Qué bien sé yo do tiene su manida.

Aunque es de noche.

Su origen no lo sé, pues no le tiene,

Mas sé que todo origen de ella viene,

Aunque es de noche.

Sé que no puede ser cosa tan bella.

Y que cielos y tierra beben de ella,

Aunque es de noche.

Sé ser tan caudalosas sus corrientes,

Que infiernos, cielos riegan, y a las gentes,

Aunque es de noche.

El corriente que nace de esta fuente

Bien sé que es tan capaz y tan potente,

Aunque es de noche.

Aquesta viva fuente, que yo deseo,

En este pan de vida yo la veo,

Aunque es de noche.

22 julio 2010

CÓMO HACER UN DRY MARTINI

A petición de varios seguidores de este blog y para contradecir con datos la versión que me hace llegar mi corresponsal en Valencia, que ha ido el tío una vez al Negresco y cree saberlo ya todo en materia de coctelería, pongo aquí un vídeo que muestra el modo canónico de hacer un dry martini. Naturalmente la marca comercial de la ginebra que aparece en el vídeo -que, todo hay que decirlo, a mí me está buenísima, aunque esto no quiere decir nada- puede sustituirse por otra cualquiera de primera calidad. Esto -y sólo esto, amigos- va en gustos.

Porque no, no hay alternativas. Éste que muestra aquí este inglés tan simpático es el único modo de elaborar un dry martini. Lo demás tiene otros nombres: wet martini, franklin, gibson, dirty martini, churchill... pero no, nunca, dry martini.

Las cosas serias hay que tratarlas con seriedad, por favor.

19 julio 2010

COMPLUJAZZ

Complujazz. Día 2.

Primera parte:

Sons-nús. Todo su disco 2010.

Segunda parte:

JD Allen Trio.

Kinda like a jam session.

Es fácil que por ser padre sepa uno cómo un sencillo comentario sobre el poder adictivo de determinadas sustancias, dejado caer habilidosamente en una comida familiar con el único propósito de explicar a dos niños -de siete y nueve años respectivamente- por qué algunas personas hacen en algunos momentos de sus vidas cosas que les resultan objetivamente perjudiciales, puede rebotarle a uno cinco meses después a la luz de la luna en medio de un concierto de jazz.

Cierto que ya resulta bastante peregrina la sola idea de llevar a dos menores a un espectáculo cuya primera parte consiste en la interpretación de diez o doce temas de música experimental a cargo de una contralto y un contrabajista, y la segunda en una larguísima jam session del trío de un saxofonista de moda en Nueva York. Pero hacerlo en un lugar como los jardines del Museo del Traje en la Ciudad Universitaria de Madrid, a las diez de la asfixiante noche de un diez de julio es exponerse al riesgo de tener que dar un montón de explicaciones sobre qué es lo que realmente fuman algunos aficionados a este tipo de música cuando tienen ocasión de escucharla al aire libre.

Así hubo de hacerlo el que suscribe una vez despejada la tentación de mentir a sus hijos sobre qué era lo que les olía tan raro y por qué el grupo de espectadores que se pasaba un cigarrillo de mano en mano parecía disfrutar con especial laxitud del sonido desnudo de Maite Dono y Baldo Martínez. Pero superada -no sin algún esfuerzo argumentativo- la pequeña anécdota, incluso los que asistíamos al espectáculo sin más aderezo químico que el que pudiera encontrarse en el agua mineral que bebíamos sin cesar, disfrutamos de una maravillosa experiencia.

Sons-nús es el nombre de la unión, no se sabe si temporal o definitiva, de dos espíritus verdaderamente sensibles a la música y la poesía: Martínez y Dono -no necesariamente por ese orden ni los nombres ni las artes-, y ya se sabe que cuando dos o más personas con sincero amor por lo bello se unen, el resultado suele ser bueno. Especialmente emocionantes sus temas Ser de Neve o Cumes Mouros. O la hermosísima Chove. Dignísimo de mención el loco Ut.

JD Allen III es un saxofinista de jazz tan americano, tan neoyorquino, que parece tener más éxito en Europa que en América, y eso teniendo mucho allá, según aseguran. Su trío hace un jazz complejo, lleno y auténtico. Tiene uno la sensación al escucharlo de que vencido cierto rechazo inicial, el esfuerzo de seguir escuchando merece -y mucho- la pena. Fue una gran sesión de jazz de estilo clásico.

Un adulto y dos niños caminaban a altas horas -aún calurosísimas- de la madrugada del once de julio de 2010 por la Avenida de Juan de Herrera de la Ciudad Universitaria de Madrid con la sensación de que algunas cosas, como la música, aún pueden reconciliarnos con la especie humana. Naturalmente los dos menores no lo saben todavía. Pero lo averiguarán. Lo averiguarán.

17 julio 2010

LA OTRA MÚSICA DE MI VIDA (VI)

Je crois entendre encore,

Caché sous les palmiers,

Sa voix tendre et sonore

Comme un chant de ramier!

O nuit enchanteresse!

Divin ravissement!

O souvenir charmant!

Folle ivresse! doux rêve!

Aux clartés des étoiles,

Je crois encore la voir,

Entrouvrir ses longs voiles

Aux vents tièdes du soir!

O nuit enchanteresse!...

Charmant souvenir!

29 junio 2010

QUESTIONES SUPER ECCLESIA CHRISTI - TERTIA

En esta entrada se analizará, aprovechando que hoy es el tercer aniversario de su publicación, la tercera de las cuatro preguntas a las que dio respuesta la Congregación para la Doctrina de la Fe en un documento titulado precisamente "Questiones super Ecclesia Christi" al que en el último año se ha venido prestando atención en esta serie del blog. Empecemos por reproducir esa tercera pregunta y su correspondiente respuesta:
"
RESPUESTAS A ALGUNAS PREGUNTAS ACERCA DE CIERTOS ASPECTOS DE LA DOCTRINA SOBRE LA IGLESIA
[…]

Tercera pregunta: ¿Por qué se usa [en la Lumen Gentium, al referirse a la relación entre "Iglesia de Cristo" e "Iglesia católica"] la expresión "subsiste en ella" y no sencillamente la forma verbal "es"?

Respuesta: El uso de esta expresión, que indica la plena identidad entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia católica, no cambia la doctrina sobre la Iglesia. La verdadera razón por la cual ha sido usada es que expresa más claramente el hecho de que fuera de la Iglesia se encuentran «muchos elementos de santificación y de verdad que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, inducen hacia la unidad católica»[11].

«Por consiguiente, aunque creamos que las Iglesias y comunidades separadas tienen sus defectos, no están desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvación, porque el Espíritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de la gracia y de la verdad que se confió a la Iglesia»[12]."

Parece, así pues, que el Concilio prefirió el subsiste al es para mostrar más claramente que fuera de la Iglesia de Cristo -o sea: la Iglesia Católica, Apostólica y Romana- abundan los dones que son propios precisamente de la Iglesia de Cristo. La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe reitera en este responsum lo que el Concilio ya nos enseñó en la Lumen Gentium: que hay muchos "elementos" de santificación y de verdad que son dones propios de la Iglesia de Cristo, pero que están fuera de la Iglesia de Cristo.

Se nos pone aquí frente a la novedosa idea de los elementa ecclesialia, que el Concilio introdujo con un propósito inequívocamente ecuménico pero que, al menos desde la perspectiva de quien es lego en eclesiología, resulta muy difícil de comprender. En efecto, aun respetando completamente el magisterio conciliar, cuesta adivinar cuáles son esos "elementos de salvación y de verdad" cuya virtud deriva nada menos que de la misma plenitud de gracia y de verdad confiada a la Iglesia. Además ha de tenerse presente que estos elementos abundan ("muchos") fuera de la Iglesia. Resulta además que la presencia de estos elementos es consecuencia o manifestación del hecho misterioso, inexplicable desde el punto de vista humano, de que el Espíritu Santo haya querido servirse como medios de salvación de ciertas iglesias particulares que niegan la autoridad de Pedro, o incluso de organizaciones o comunidades religiosas que se dicen cristianas pero que enseñan y difunden graves errores contrarios a la verdad confiada a los Apóstoles.

Especialmente difícil de aceptar resulta esto último porque, aunque como sujetos racionales para los que la comprensión de los misterios de la Fe es posible probablemente sólo en la cortísima medida en que nuestros pecados no nos velen el entendimiento, parece que si aceptamos que en la historia de la redención humana han tenido valor y significado salvíficos las iglesias y comunidades cristianas que se han opuesto empecinadamente a determinadas verdades de la Fe, tendríamos que concluir que quienes de uno u otro modo han combatido y combaten a la Iglesia de Cristo -inseparablemente entendida a la vez como Su Cuerpo Místico y como una sociedad humana- han obrado con su pugna la salvación de muchas almas. Y esto resulta casi imposible de aceptar desde un punto de vista humano sin grave peligro de caer en el indiferentismo.

Consideración aparte merece el hecho de que el Concilio enseñe con toda claridad que esos elementa ecclesialia que se encuentran fuera de la Iglesia inducen a la unidad católica que profesamos al decir "Credo in unam, ..." Debería reflexionarse sobre esto porque parece demasiado simplista afirmar que sirve al objetivo de conseguir su integración en la Iglesia de Cristo, o sea: en la Iglesia Católica, el que algunas comunidades heréticas sostengan algunas, aun muchas, verdades de la Fe. Como, de igual modo, resulta en exceso voluntarista afirmar que las iglesias cismáticas que se desgajaron del tronco de la Iglesia universal hace mil años se ven impulsadas a reintegrarse a la unidad católica, esto es: a reconocer la suprema autoridad del Romano Pontífice, por el hecho -de otra parte trascendental- de que conservan sacramentos válidos y la mayor parte del depósito de la Fe.

Consciente de su cortedad, su falta de Fe y su sobra de pecado, tentado se encuentra el que suscribe de no rematar la faena de analizar las cuatro "questiones" y sus "responsa." El Espíritu le empuja, sin embargo, a seguir dando la matraca con este asunto, así es que el amable lector hará bien en temerse una próxima entrada de esta serie del blog.

_______________________________________
[11] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, 8.2.

[12] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Unitatis redintegratio, 3.4; 3.5; 4.6.

10 junio 2010

¡AZOTADME!

Aquí estoy.

¡Azotadme!

Merezco que me azoten.

No lamí la mordiente,

la sombra de las vacas,

las espinas,

la lluvia;

con fervor,

durante años;

descalzo,

estremecido,

absorto,

iluminado.

No me postré ante el barro,

ante el misterio intacto

del polen,

de la calma,

del gusano,

del pasto;

por timidez,

por miedo,

por pudor,

por cansancio.

No adoré los pesebres,

las ventanas heridas,

los ojos de los burros,

los manzanos,

el alba;

sin restricción,

de hinojos,

entregado,

desnudo,

con lo poros erectos,

con los brazos al viento,

delirante,

sombrío;

en comunión de espanto,

de humildad,

de ignorancia,

como hubiera deseado...

¡como hubiera deseado!

Oliverio Girondo

28 mayo 2010

UN PEZ QUE FUMA

Creo que fue mi padre -hábil pescador él- quien me enseñó cómo llamar a eso que hace un pez cuando se saca del agua y muere asfixiado. Por eso cuando ya crecidito oí por primera vez a alguien utilizar la expresión "dar sus últimas boqueadas" para referirse a vaya Usted a saber qué cosa, no necesité que nadie me la explicase. Vino a mi mente la imagen de aquella pobre trucha feneciendo dentro de la nasa de papá y mi tierno cerebrito se encargó del resto. Hasta hoy.

Puede que aquel mismo año, quizá alguno después -en todo caso y con total seguridad antes de terminar el bachillerato-, debí de oír a alguien, probablemente en una película, referirse al humo que salía de cierta boca concupiscente -¿acaso la de Sara Montiel?- llamándolo bocanada. Desde entonces esa palabra forma parte de mi vocabulario asociada inevitablemente a lo voluptuoso. ¿Qué quieren que les diga? Uno es así.

Y yo me pregunto ahora qué aprendieron y dónde los dos redactores -el uno de El Mundo, el otro de El País- que en sospechosa coincidencia en su error aseguran hoy en las páginas de estos dos grandes diarios de difusión nacional que el Gobierno de Zapatero está dando sus últimas bocanadas. ¿Será que el Gobierno fuma? Si lo hace, seguro que es en pipa.

Es un lujo pensar, hablar y escribir en español, y por eso no quiero dejar pasar la ocasión de recordar aquí que los que vivimos de la palabra hablada o escrita debemos tratar con sumo cuidado la herramienta con que nos procuramos el sustento. Queda dicho.

09 abril 2010

LA OTRA MÚSICA DE MI VIDA (V)

O cómo gastando sólo siete minutos y veinticuatro segundos de una vida se puede tener la dichosa experiencia de sentir que el tiempo se detiene.

Aquí hay algo sobre el intérprete.

14 febrero 2010

EL ÚLTIMO BRINDIS

Lo queramos o no
sólo tenemos tres alternativas:
el ayer, el presente y el mañana.


Y ni siquiera tres,
porque como dice el filósofo
el ayer es ayer.
Nos pertenece sólo en el recuerdo:
a la rosa que ya se deshojó
no se le puede sacar otro pétalo.


Las cartas por jugar
son solamente dos:
el presente y el día de mañana.


Y ni siquiera dos
porque es un hecho bien establecido
que el presente no existe
sino en la medida en que se hace pasado.
Y ya pasó...
Como la juventud.


En resumidas cuentas
sólo nos va quedando el mañana.
Yo levanto mi copa
por ese día que no llega nunca
pero que es lo único
de lo que realmente disponemos.



Nicanor Parra

18 enero 2010

EL PAPA EN LA SINAGOGA

Ayer Domingo, fiesta de San Antonio Abad, el Papa Benedicto XVI visitó la sinagoga de Roma. Fue una visita en la línea de la del Venerable Juan Pablo II al mismo lugar hace ya más de veinte años. Una visita en la que -siguiendo las directrices de la declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II- el Papa resaltó con gran humildad, caridad y elegancia todas aquellas cosas que unen a cristianos y judíos.

El discurso pontificio con esa ocasión, tras un amplísimo y sincero reconocimiento de lo que los cristianos europeos hicimos a los judíos el siglo pasado -y específicamente de lo que les hicieron los compatriotas del Papa- estableció un vínculo, nada intrascendente desde el punto de vista diplomático, entre la práctica actual de la religión judía y las complejísimas circunstancias de los Santos Lugares y pasó -en tono ya abiertamente teológico- a considerar cuántas realidades espirituales comparten hoy quienes practican una u otra religión.

Un análisis de los diez mandamientos sirvió para llevar al Santo Padre a señalar específicamente tres áreas en las que la colaboración entre judíos y cristianos puede y debe ser más intensa y fructífera: el reconocimiento del único Dios frente a los modernos becerros de oro, el compromiso en la protección de la vida humana y la defensa de la santidad de la familia.

Hubo, sin embargo, una concreta referencia en el -por otra parte muy hermoso- discurso de ayer que planteó alguna dificultad al que suscribe. El desconcierto que a éste le producen ésa y otras declaraciones papales en la misma dirección justifica posiblemente el atrevimiento ignorante de preguntar en voz alta por todo esto.

Esta es, en cuestión, la cita del dicurso papal que se quiere considerar:
"Los cristianos y los judios tienen una gran parte de su patrimonio espiritual en común: oran al mismo Señor, tienen las mismas raíces y sin embargo siguen siendo frecuentemente unos desconocidos los unos para los otros. Es nuestro deber, [...]"
Si el Papa lo dice, sin duda será que los cristianos y los judíos compartimos un mismo Señor -o sea: un mismo Dios-, pero alguien sigue por aquí sin enterarse de qué argumentos ha de oponer a los que torpemente esgrimió hace ya unos meses
aquí cuando intentó explicar por qué cree que al orar como cristiano no se dirige al mismo Señor que los judíos.

Quizá alguien le ayude.

14 enero 2010

QUESTIONES SUPER ECCLESIA CHRISTI - SECUNDA

De las cuatro preguntas con sus respuestas que la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó en un documento de hace dos años y que venimos analizando en esta serie de entradas del blog se prestará atención hoy a la segunda, que a continuación se reproduce:
"
RESPUESTAS A ALGUNAS PREGUNTAS ACERCA DE CIERTOS ASPECTOS DE LA DOCTRINA SOBRE LA IGLESIA
[…]

Segunda pregunta: ¿Cómo se debe entender la afirmación según la cual la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica?

Respuesta: Cristo «ha constituido en la tierra» una sola Iglesia y la ha instituido desde su origen como «comunidad visible y espiritual»[5]. Ella continuará existiendo en el curso de la historia y solamente en ella han permanecido y permanecerán todos los elementos instituidos por Cristo mismo [6]. «Esta es la única Iglesia de Cristo, que en el Símbolo confesamos una, santa, católica y apostólica […]. Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comunión con él» [7].

En la Constitución dogmática Lumen gentium la subsistencia es esta perenne continuidad histórica y la permanencia de todos los elementos instituidos por Cristo en la Iglesia católica [8], en la cual, concretamente, se encuentra la Iglesia de Cristo en esta tierra.

Aunque se puede afirmar rectamente, según la doctrina católica, que la Iglesia de Cristo está presente y operante en las Iglesias y en las Comunidades eclesiales que aún no están en plena comunión con la Iglesia católica, gracias a los elementos de santificación y verdad presentes en ellas [9], el término "subsiste" es atribuido exclusivamente a la Iglesia católica, ya que se refiere precisamente a la nota de la unidad profesada en los símbolos de la fe (Creo en la Iglesia "una"); y esta Iglesia "una" subsiste en la Iglesia católica [10]. […]”

Esta respuesta, que sigue a la que explícitamente afirma que tras el Concilio Vaticano II no ha cambiado nada de la doctrina sobre la Iglesia, sino que en los documentos conciliares simplemente se ha desarrollado, profundizado y expuesto con más claridad cuanto la Iglesia ha venido enseñando sobre sí misma en los últimos dos mil años, se nos presenta como una afirmación tranquilizadora, pero plantea en realidad una cuestión problemática:

Por un lado, cuando con cita entrecomillada de la Lumen gentium se nos dice que Cristo «ha constituido en la tierra» una sola Iglesia y la ha instituido desde su origen como una «comunidad visible y espiritual», con toda claridad se nos reitera lo que efectivamente se ha enseñado siempre: que fue voluntad de su Divino Fundador que la herramienta de salvación por él instituida, Su Iglesia, fuese simultáneamente una realidad espiritual consistente en ser el Cuerpo Místico de la segunda persona de la Santísima Trinidad y una realidad material: una sociedad humana dotada de un orden y un gobierno.

A continuación se nos dice -esto es pura novedad conciliar- que esta Iglesia, la Iglesia de Cristo, está presente y operante en las iglesias y comunidades eclesiales que aún no están en plena comunión con la Iglesia católica. ¿Debemos concluir entonces que la Iglesia material, visible en este mundo como una sociedad gobernada por el Papa y por los obispos que le están sometidos, formada por seres humanos y ordenada jerárquicamente, no coincide exacta y exclusivamente con la realidad espiritual de la que hablamos cuando nos referimos a la Iglesia espiritual, al Cuerpo Místico de Cristo?

El magisterio siempre ha enseñado que la Iglesia material –la sociedad humana visible dotada de un gobierno monárquico absoluto- y la Iglesia espiritual –el Cuerpo Místico de Cristo- son ambas las misma y una sola cosa: la Iglesia de Cristo. Esta creencia, firmemente asentada en el depósito de la Fe, es la que justifica que durante dos mil años los cristianos nos hayamos dedicado con igual convencimiento a predicar a Cristo a quienes nunca lo conocieron y a pretender que quienes siendo cristianos no forman parte de la Iglesia volviesen a su seno o entrasen en él por primera vez. Y esto principalmente para evitar que quienes permaneciesen alejados culposamente de la Iglesia pudieran poner en peligro la salvación de su alma.

¿Cómo puede entonces afirmarse, como hace el Concilio Vaticano II, que la Iglesia de Cristo está presente en las sectas cismáticas o heréticas desgajadas del gobierno y la ordenación visibles que el mismo Jesús quiso que tuviera su Iglesia? ¿Qué tipo de presencia es esa?

La segunda idea que completa el panorama es la idea de subsistencia. ¿No abre esto la puerta a la idea -ciertamente problemática- de que la Iglesia de Cristo está presente en las sectas, aunque no "subsiste" en ellas? Porque esto significaría que la Iglesia de Cristo no logra su perfección y plenitud en ellas, pero está sin embargo, presente ahí según afirma una doctrina explícitamente declarada por el Papa cuando era cardenal Ratzinger en su "Communio" de 1992 y en "Dominus Jesus" de 2000.

_______________________________________
[5] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, 8.1.

[6] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Unitatis redintegratio, 3.2; 3.4; 3.5; 4.6.

[7] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, 8.2

[8] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Mysterium Ecclesiæ, 1.1: AAS 65 [1973] 397; Declaración Dominus Iesus, 16.3: AAS 92 [2000-II] 757-758; Notificación sobre el volumen «Iglesia: Carisma y poder», del P. Leonardo Boff, O.F.M.: AAS 77 [1985] 758-759.

[9] Cf. Juan Pablo II, Carta Encíclica Ut unum sint, 11.3: AAS 87 [1995-II] 928.

[10] Cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución dogmática Lumen gentium, 8.2.

30 noviembre 2009

LA OTRA MÚSICA DE MI VIDA (IV)

Desert road from Vegas to nowhere

Some place better than where you've been.

A coffee machine that needs some fixing

In a little cafe just around the bend

I am calling you

I know you hear me

I am calling you

A slow hot wind blows right through me

The baby's crying and I can't sleep

But we both know a change is coming

Coming closer, sweet release

08 octubre 2009

RABADILLA BARROCA

Theodora. Georg Friedrich Händel (1685-1759)
Oratorio en tres actos, HWV 68
Versión de concierto

Teatro Real. 7 de octubre de 2009.
Equipo artístico: Gabrieli Consort and Players
Dirección musical: Paul McCreesh
Reparto:
Theodora: Renata Pokupic Irene: Anna Stéphany Didymus: Iestyn Davies Septimus: John Mark Ainsley Valens: Simon Kirkbride Mensajero: Richard Rowntree
Asistir a la interpretación completa de un oratorio de Händel en versión de concierto es siempre -pero especialmente cuando el oyente es obeso- una buena ocasión para comprobar cómo anda uno de amor al arte. En este caso, fue el dolor de rabadilla producido por tres horas de apoyo del cóccix sobre una butaca de principal del Teatro Real lo que puso a prueba el gusto de este aficionado por la música barroca, por el músico de Halle, por los Gabrieli Consort and Players, por los santos mártires de Antioquía y por el lucero del alba.
Triunfaron estos últimos. Todos ellos. De lo cual me alegro mucho porque hubo un par de momentos en los que, a la vista de lo que me hacían sufrir las ancas, me planteé seriamente la posibilidad de llorar de dolor. Afortunadamente acabé por hacerlo de emoción. Dos veces sólo en el primer acto: la primera -previsible- cuando Anna Stéphany acometió Bane of Virtue, un aria que siempre me hace desear ser mejor persona. La cosa había llegado hasta ahí no sin cierta desazón inicial: obertura fría y Kirkbride poco convincente en su primera aria, dignamente resuelta -como casi todas las demás- pero tan desprovista de sentimiento que no se sabía si el gobernador romano estaba amenazando a los cristianos con diversos tormentos o si enumeraba las partes del aparato excretor; en el resto igual de soso y además no pocas veces pequeño de voz. Cierto que ya al principio se pudo escuchar una memorable interpretación de Descend Kind Pity por parte de la mejor voz de la noche, la del tenor John Mark Ainsley.
El segundo momento de intensa alegría trasladada al exterior por unas pocas mansas lágrimas del oyente -todo también bastante predecible, ¿a qué negarlo?- llegó cuando la cristiana Irene comenzó a comparar la gracia de Dios con las rosáceas luces del alba y a invocar a Nuestro Salvador para que fortaleciese el corazón de los cristianos ante la proximidad de la muerte del cuerpo. ¡Ah! entonces el mío comenzó a aligerarse casi hasta levitar sobre la butaca y a sentir verdadera felicidad por pertenecer a la misma especie animal que la de quienes habían escrito e interpretaban esa música. Después un aria "sorpresa" de Septimio -Dread the Fruits of Christian Folly- que sencillamente no estaba en ninguna de las dos grabaciones utilizadas para preparar el concierto; y una hermosísima Kind Heav'n en la que la bella voz del contratenor Iestyn Davies brilló a la misma altura que su buen gusto interpretativo. Coro de cristianos, bellas disonancias en tono menor, y al pasillo.
Copa de cava con canapé de jamón. El pan un poco seco. No hay derecho, por seis euracos. Veinte minutos para estirar las piernas e intentar meter las narices en el reservado de los patrocinadores. Sin éxito. Los pinchos que se atisbaban más allá de los biombos corporativos tenían mejor pinta que los del pueblo soberano.
A continuación actos segundo y tercero del tirón. Una auténtica machada. Kirkbride tenía aquí varias arias de lucimiento: Wide Spread His Name, por ejemplo. Mal. Pequeño. No hablemos de las bravas Cease Ye Slaves o Ye Ministers of Justice de más adelante. Nada angustia más que un barítono que parezca corto de fiato. Y a mi se me figuró que así andaba Kirkbride. Theodora-Pokupic, en cambio, finísima en las dos arias de la escena segunda. Conmovedora aquí la interpretación de los players dirigidos por McCreesh, que por otra parte borda el oratorio. Excelente música. Trompas y sacabuches de época. Emociones renovadas. Sentimientos de piedad por la santa condenada a la prostitución. Esas notas solas de la flauta hendiendo el aire, tan solas como la mártir en ese preciso momento de la narración. Exaltación interior, pasmo redivivo ante el genio compositivo del alemán.
Deeds of Kindness en la voz del pequeño contratenor Iestyn Davies consiguió que el oyente creyese por primera vez que esa voz afeminada -uno es hijo de su tiempo ¿qué vamos a hacerle?- podía ser la de un mártir cristiano en el momento de decidir sacrificar la propia vida por salvar la de una amiga. Poco después, en Sweet Rose and Lilly, me pareció que Iestyn había crecido veinte o treinta centímetros. Maravillosa aria. Espléndida interpretación. No suelo, ya digo, disfrutar del registro de los contratenores, pero éste logró emocionarme. Hasta la lágrima -y sí: ya van tres- cuando poco después atacó con Pokupic el bellísimo duo que pone fin a la escena quinta. Nuevo coro de cristianos y dos minutos de descanso en la butaca antes de empezar el tercer acto. Lo normal: Perdone, señora. (Madre, cómo estoy sudando, quién pillara ese abanico.) Muchas toses. Roñoso el público madrileño con los aplausos al reincorporarse el consort y su director.
Y el tercer acto. Lord to Thee: un sentido recuerdo -casi un oración en el corazón del oyente- para la gran Lorraine Hunt. Véase. Dios la tendrá en su gloria. Y eso que era budista. Al de la rabadilla dolorida le dio entonces por pensar cómo es posible que un oratorio tan excepcional como éste no tuviera éxito en el Londres de después del terremoto, a pesar de ese expresivo "though convulsive rocks the ground." Quizá Händel estaba en lo cierto al decir que en aquel Londres no podía tener éxito la historia de una mujer virtuosa y un varón santo. Pues anda que hoy. Y no digo en Londres. Varias veces a lo largo del oratorio, al advertir cómo el texto contrapone la obligación moral y la ley civil, me dio por pensar lo adecuado que resultaba programar Theodora en Madrid en estas fechas. Los programadores oficiales del Real dicen que todo guarda relación con una temporada que gira en torno a la figura de la mujer, pero a mi me parece que tienen un infiltrado dispuesto a hacer pensar al público.
Coro perplejo de paganos. Finísima aria y dúo final de Renata Pokupic y del ya por entonces grande Iestyn Davies. Coro iluminado, celestial, de cristianos. Y fin. Doy mi palabra de que lamenté que la cosa terminara a pesar de que para entonces ya estaba poco menos que para pasar directamente de la sala al fisioterapeuta.
Más racaneo de Madrid con los aplausos. Muchos -casi todos del patio de butacas- empujaban hacia la puerta mientras McCreesh, el consort y los players todavía saludaban a los que firmes en nuestras localidades les aplaudíamos con fervor.
Al salir a la calle unos y otros nos tuvimos que agolpar en el cocherón del Teatro mientras esperábamos a que amainase un temporal tremendo. Los thunders, seguramente irritados porque no les habían dejado roll around con los Gabrieli y poner así fondo terrible al Lord to Thee de Irene, nos esperaban en la plaza de Oriente. Me calé hasta los huesos mientras corría azuzado por sus bramidos camino de la boca del metro de Ópera.

04 octubre 2009

NUEVA LEY, VIEJA CORRUPTELA (y III)

El interrogatorio de testigos mediante auxilio judicial

Retomando lo que dejamos iniciado en la anterior entrada de esta serie sobre la práctica de determinadas pruebas en el proceso civil, y en cuanto a la testifical de quienes se encuentran en el excepcional caso del artículo 169.4 de la Ley de Enjuciamiento Civil, al que ya tuvimos ocasión de referirnos, advertimos que la situación es aún más extraña. Nuestra Ley de Ritos guarda sorprendente silencio acerca de si al exhorto mediante el que se solicita el auxilio de otro órgano judicial para la práctica del interrogatorio de estos testigos debe acompañarse o no una relación de las preguntas que pretende formular la parte que propone este medio de prueba. En realidad, y salvo para el caso de la declaración testifical domiciliaria -cuya regulación quizá cabría aplicar parcialmente y por analogía al supuesto de la declaración de testigos practicada mediante exhorto- no se encuentra en toda la LEC ninguna norma que regule aun mínimamente el modo de proceder en estos supuestos.

Dando por aplicable aquí cuanto más arriba dejamos dicho en materia de control por el órgano enjuiciador de la utilidad y pertinencia de las preguntas y lo referente a la intervención oral de los abogados en la práctica del interrogatorio de parte, obligado resulta reseñar lo que en la práctica de este tipo de testifical suele darse: el órgano judicial solicita a la parte proponente que elabore un pliego o interrogatorio de preguntas por escrito y, tras la admisión de éstas, las remite a la parte contraria para que pueda, si le conviene, formular repreguntas. Recibidas y admitidas éstas últimas, unas y otras se remiten entonces mediante exhorto al órgano territorialmente competente en el domicilio de los testigos para que, sin intervención oral posible de los abogados de las partes, el órgano exhortado se limite a documentar las respuestas -necesariamente premeditadas, al menos en parte- que en cada caso ofrezcan los testigos. Este modo de proceder no encuentra respaldo en ningún precepto legal vigente y constituye en realidad una auténtica reminiscencia en nuestro foro de las previsiones de la Ley de Enjuiciamiento Civil de 1881.

La costumbre procesal atávica que criticamos, y a la que con creciente entusiasmo se suman -al menos en la primera instancia- cada día más miembros de la judicatura, ahorra sin duda al órgano enjuiciador la siempre tediosa práctica de la prueba de testigos o incluso la del interrogatorio de partes y convierte el acto del juicio en poco más que la ocasión de que los abogados emitan sus informes de conclusiones marchándose después a sus respectivos despachos a esperar la sentencia, pero perjudica indudable e indebidamente la aplicación a estos procedimientos de los principios de inmediación, oralidad y contradicción que nuestro ordenamiento jurídico considera axiales en materia procesal.

Para evitar su extensión, se hace preciso denunciar con el mayor vigor esta corruptela, proponiendo la enmienda de la Ley de Enjuiciamiento Civil de tal modo que mediante la introducción de una regulación mínima se garantice que también en estos supuestos, siquiera sean excepcionales e infrecuentes, se garantiza el debido respeto a los principios que informan y sostienen nuestro Derecho Procesal.

08 septiembre 2009

LA OTRA MÚSICA DE MI VIDA (III)

Lord, to Thee each night and day

Strong in hope we sing and pray.

Though convulsive rocks the ground

And thy thunders roll around,

Still to Thee each night and day

Strong in hope we sing and pray.

31 agosto 2009

RECONSTRUCCIÓN DE UN ACCIDENTE Y AVERIGUACIÓN DEL PARADERO DE UN SEÑOR BAJITO.

Quizá para muchos no sea una obra de arte ni se proyecte reverentemente en las escuelas de cine -su autor no aspiró nunca a tal cosa-, pero La vida por delante (Fernando Fernán Gómez, 1958) es, además de una de mis películas favoritas, un excelente retrato de una España que acababa de pasar de terriblemente desdichada a sólo infeliz, pero en la que cabía la esperanza. En las escenas de esta película se percibe una realidad algo gris y angustiosa de la que, sin embargo, se podía y por supuesto se solía escapar con inteligencia y buen humor.

La secuencia que cuelgo aquí es un ejemplo de ingenio cinematográfico y de genialidad interpretativa (Isbert está sin duda en la parte del Cielo que Dios reserva a los buenos actores) y en mi opinión debería ser de obligada proyección en todas las Facultades de Derecho: es la mejor representación artística que conozco de la ardua tarea de reconstruir unos hechos por medio de la declaración de varios testigos.

La cosa está aquí abajo en dos partes que se suceden automáticamente. Basta con darle una sola vez al plei y disfrutarla.

15 agosto 2009

EN CUERPO Y ALMA

El Padre Juan Aragonés, de las Escuelas Pías, no se anduvo aquella mañana con rodeos ante el grupo de pequeños catecúmenos: el cuerpo de la Virgen María no estaba en ninguna tumba. Cuando el Señor lo dispuso, cargada de años y de amor por los apóstoles y por todos nosotros, la Madre de Dios más que morirse se durmió plácidamente y los ángeles la llevaron al Cielo en cuerpo y alma. Parece que otros ángeles que estaban allí arriba esperándola se alegraron tanto al verla que formaron un gran alboroto -es sabido que las criaturas angélicas son dadas a este tipo de manifestaciones en las ocasiones señaladas- y por eso, para unir nuestra alegría a la del Cielo, cuando llegaba el quince de agosto, íbamos de jira al campo, se corrían toros, tirábamos cohetes, cantábamos y bailábamos. Lo había dicho el Papa y era obligatorio creérselo. Lo de la Virgen solamente. Lo de los toros y la fiesta era opcional.

- ¿En cuerpo y alma, Padre?

- Sí, eso: en cuerpo y alma.

- ¿Y los ángeles se la llevaron al Cielo?

Aquel benemérito Padre, bien metido ya por entonces en la sesentena y obviamente ajeno al vendaval postconciliar -corría marzo de 1974-, se caracterizaba por una gran expresividad facial, circunstancia que había llevado a sus alumnos a desarrollar una extraordinaria capacidad: predecir el humor del reverendo por mera atención al modo en que fruncía el ceño. Básicamente, y aunque desde luego había matices, se había constatado de modo empírico que la probabilidad de recibir un cachete era inversamente proporcional a la distancia entre las cejas del escolapio. Así es que aquel día, después de ver cómo la pregunta de Escudero hacía que el barómetro ciliar del Padre Aragonés anunciase borrasca, todos pensamos que no tenía sentido ahondar en un asunto que, por lo demás -verbenas, cohetes y toros incluidos- había quedado ya perfectamente claro.

-Pero... ¿por qué no iba a estar la Virgen en la tumba esperando a resucitar como todos los demás?

La pregunta hendió el aire del aula pequeña del cuarto piso, la que estaba frente a la clausura de los Padres. Todos los niños pensaron entonces que uno de ellos tenía auténtica vocación de mártir. Escudero se había adentrado en las aguas más procelosas que tenía el océano catequético: hacer preguntas difíciles y encima en tono chulesco. Las aguas de ese mar, especialmente a menos de dos meses de tomar la Primera Comunión, eran difíciles de navegar sin que una o dos olas acabasen por golpearle a uno el velamen.

-Ya verás tú la que le cae- le susurró divertido un catecúmeno pequeñito a otro un poco cabezón que estaba sentado al lado del de la pregunta difícil.

Entonces ocurrió el milagro.

El Padre Juan Aragonés levantó su pesada humanidad de la silla, se sacudió el hábito un poco gastado que llevaba, miró al niño de la pregunta, se aproximó decididamente a él y, en lugar de arrearle una colleja como esperaba todo el mundo, le puso la mano en la cabeza.

-A ver, niño. Porque la Virgen María tiene a Dios por Hijo y del mismo modo que Éste quiso que el nacimiento de la que iba a ser su Madre fuera distinto del de los demás hombres y mujeres, también quiso que su marcha de este mundo fuera especial, y así además pudo tenerla antes a su lado en la Gloria... ¿no te parece natural eso? ¿No harías tú lo mismo con tu mamá si pudieras, darle lo mejor, lo más hermoso, y tenerla junto a ti la mayor parte del tiempo?

Entonces, al de la pregunta difícil se le arrasaron los ojos y no atinaba a responder nada. Pasó un rato sin que se oyeran más que los jipidos del pequeño, hasta que súbitamente el rostro del padre Juan Aragonés cambió la expresión de desconcierto por otra que no le habíamos visto nunca. Con gran esfuerzo se puso en cuclillas, le plantó las dos manazas al chico sobre los hombros y por un momento pareció que iba a decirle algo. Pero tampoco él pudo hablar. Le temblaba la papada y tenía húmedos los ojos pequeñitos y azules con que nos miraba fijamente para hacernos callar en clase.

Pasó un instante y entonces, sin llorar nada, con una voz que parecía de mayor, habló el chaval.

-Si yo pudiera, Padre, tendría siempre a mi madre a mi lado… y recalcó muy despacito: …en cuerpo y alma.

El Padre Juan no dijo nada, se puso en pie, se sonó muy fuerte, sacó de los bolsillos del hábito dos puñados de nueces, higos secos y orejones -manjares que dosificaba sabiamente entre quienes respondían bien las preguntas del catecismo- y los dejó sobre la mesa del profesor para que antes de salir al patio tomásemos de allí lo que más nos apeteciera. La clase de catequesis terminó aquel día muy pronto.

Yo me acordé después, en el patio, de que el año anterior habíamos ido todos a misa porque a Escudero, el de la pregunta difícil, se le había muerto la madre.

06 agosto 2009

LA CUESTIÓN DEL ABORTO (VII)

Tal y como se dejó prometido en la última entrada de esta serie, se intentará ahora dilucidar si las decisiones que conciernen a la maternidad, y especialmente la decisión de frustrar a voluntad el curso natural de una preñez, competen en exclusiva -como defienden algunos- a la mujer gestante.

Podría parecer que, precisamente porque hemos caracterizado la maternidad como una posibilidad o capacidad definitoriamente femenina y además como un acto propiamente voluntario, extinguida por cualquier motivo -o inexistente desde el principio- la específica voluntad maternal de una mujer, lo apropiado sería respetar en todo caso su decisión libre y espontánea de abortar. Repugna además a nuestro concepto de maternidad la posibilidad de que ésta pueda ser obligatoria o impuesta, por lo que resulta fácil concluir que lo único razonable que puede hacerse ante este asunto es dejar que las mujeres tomen sus decisiones sin ningún tipo de coacción, ofreciéndoles si acaso orientación, ayuda o consejo.

Pero siendo cierto lo anterior, no lo es menos que -según pudimos ver en las primeras entradas de esta serie- desde el momento mismo de la concepción puede y debe hablarse lícitamente de la existencia de una vida humana distinta de -aunque en modo alguno ajena a- la de la madre. Así pues, siempre que a ésta le falte la voluntad de pasar adelante con un embarazo, nos encontraremos frente a una disyuntiva clásica: el conflicto de bienes. En nuestro caso tendríamos de un lado la libertad de una mujer -a quien indudablemente se haría violencia si se le impusiese la maternidad o si de cualquier modo se le impidiese ejecutar su voluntad de terminar anticipadamente el embarazo- y del otro la incipiente vida humana a la que hacíamos referencia al principio de esta serie de pequeñas reflexiones sobre el aborto.

Desde cierta perspectiva moral, podría arrojarse más luz sobre este asunto considerando la posibilidad, defendida por algunos, de que existan actos intrínsecamente malos, esto es: de tal naturaleza que no serían lícitos ni siquiera cuando de su ejecución se siguiese un bien; pero aceptar esta posibilidad exige asumir algunos postulados que sólo encuentran fundamento en la Fe y -como habrá advertido el agudo lector- en estas reflexiones se viene evitando deliberadamente cualquier razonamiento que presuponga la aceptación de lo sobrenatural.

Sea desde una u otra perspectiva, lo que se nos manifiesta ya con alguna claridad es que la decisión de terminar un embarazo no puede dejarse a la discreción de la gestante, y esto al menos porque si hiciéramos tal cosa dejaríamos desprotegido uno de los dos bienes en liza. No faltará quien argumente que la madre puede tomar en consideración -y sin duda lo hará en la mayor parte de las ocasiones- precisamente la existencia de la vida que se encuentra en el término más débil de esta ecuación, pero no puede bastarnos eso. El Derecho, suprema manifestación de lo que algunos pensadores han dado en llamar inteligencia social o colectiva consiste en poner al servicio del más débil un tipo de violencia ordenada cuyo ejercicio se reserva al Estado. Este uso de la fuerza permite que en las situaciones en las que -de no producirse- el más débil caería siempre ante el más fuerte, la intervención del Estado haga posible adoptar una solución que no sea la más fácil, sino la más justa o, si se quiere, la más conveniente para el cuerpo social y político de que se trate. Cuando el Estado se inhibe ante un conflicto de esta naturaleza, y lo relega por tanto al ámbito particular, al de los casos íntimos o de conciencia, indudablemente se está ante un retroceso de la inteligencia colectiva.

Más adelante en esta serie se procurará resolver la cuestión de en qué dirección -más allá de impedir que se adopte la solución más fácil o rápida- ha de extenderse la intervención del Estado; y cuál es la solución más justa o conveniente a los casos que venimos analizando.